El verdadero tiempo no se puede medir por el reloj o el calendario

El TIEMPO… me fascina este concepto… lo he reflexionado tanto tantas veces que he llegado a admirarlo casi hasta la obsesión sin llegar a serlo (o eso creo…). He ido creciendo junto a él, haciendo mucho ejercicio de entendimiento en cada paso (tiene cierto carácter y a veces no es fácil comprenderle)… he ido aceptándole con sus prisas y con sus demoras, dejando a un lado la resistencia que esto conlleva… he ido aprendiendo a caminar a su ritmo, a no adelantarme a él y a ir de la mano, ajustándome a sus cambios repentinos de cadencia (aunque a veces no consigo seguirle y me da ganas de fusilarle, para qué engañarnos )… he logrado valorarle como se merece, por todo lo que me ha regalado (y arrebatado) y me sigue regalando, disfrutándole en el aquí y en el ahora (por muy complicado que resulte)…

Querido Tiempo, me has regalado la virtud de saber esperar (si bien, a veces me desesperas), a dejar que las cosas fluyan y a entender que, las cosas, si tienen que ser, serán (pese a que me explote la cabeza).

Obviamente, sigo aprendiendo de ti, y lo seguiré haciendo toda mi vida (o eso espero, eterno aprendizaje…).

En definitiva, el Tiempo es ese obsequio tan sumamente valioso pero muchas veces tan poco considerado; es ese regalo que te brinda momentos únicos y que quedan esculpidos eternamente a lo largo del camino; es esa poción mágica que, pese a que hay heridas que nunca se cierran, te enseña a llevarlas con orgullo y cariño; es el culpable de marcar la piel con “patas de gallo”, pero también es el maestro que te enseña a ver que la verdadera belleza se encuentra en las arrugas de la felicidad… el Tiempo, es el representante máximo de todas las lecciones vitales que te prepara para caer… y volver a levantarte.

Es imposible no estar casi obsesionada con ese concepto que lo es casi TODO. Dar tiempo al tiempo… esa es la clave… no dejemos que lo urgente no deje tiempo para lo importante y, recuerda, como dice Momo (cuento que recomiendo), que el verdadero Tiempo no se puede medir por el reloj o el calendario.

No hay mayor regalo que uno pueda dar o recibir que el más preciado bien que poseemos en este mundo, el Tiempo

Gracias a todas aquellas personas que me lo brindan (o me lo han brindado) de alguna manera… cada pedacito que me regaláis forma parte de lo que soy.

Fdo.- Eterna aprendiz del Tiempo.

Si te ha parecido interesante, comparte!
Esta entrada fue publicada en Reflexiones. Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *